cARTEristas

30 10 2009

Retomo la idea de antes de ayer. Los artistas hablan de defender su obra y a la sociedad. Lo primero, por ser una actividad cuya rentabilidad económica, según se desprende de estas ansias de defensa, está en peligro. Lo segundo, por que gracias a ellos “respira” la sociedad. La desventaja que tienen los políticos es la de no tener el gracejo de Bosé, la chispa de la ministra Sinde o el arte (es un decir) de Teddy Bautista o Ramoncín. Quiero decir, por más dificil que pueda parecer, Leire Pajín nos ha obsequiado con argumentos más trabajados.

Sin que sirva esto como un alegato de la sociedad capitalista, me da la impresión de que, si la sociedad necesitara algo al margen del poder político como vía de escape, no sería necesario que los artistas mendigaran al gobierno. Por lo tanto, da la impresión de que la búsqueda de un búnker dentro de un gobierno se debe más a la necesidad de mantener un (extravagante) estilo de vida más que a dar salida a la expresión de las necesidades sociales. Si le hubieran dicho a Miguel Hernández que a esto se iban a dedicar quienes iban a hacer “respirar” a la sociedad, se hubiera… sorprendido.

Si los artistas necesitan ayudas del gobierno para no sentirse huérfanos ni en peligro de extinción y para hacer respirar a la sociedad, puede que la sociedad no les necesite a ellos, con lo cual, o bien es esta una sociedad que ha llegado a su tope máximo de bienestar o, por el contrario, no se ha llegado a ese tope y los artistas que se necesitan no son estos, los que hablan en nombre de todos ellos. Me inclino más por la segunda opción pero, en cualquiera de los dos casos, muchos se deberían quitar la careta: no defienden el arte, defienden su bolsillo. Para defender los movimientos culturales no se necesita a ningún gobierno.

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Justicia y posguerras

29 10 2009

“Sin justicia nunca habrá reconciliación en los Balcanes,” se titula la entrevista al Ministro de Exteriores bosnio, Sven Alkalaj, que publicaba ayer el diario El País. En ella el jefe de la diplomacia bosnia se muestra optimista acerca de las aspiraciones europeistas de su país: para principios de 2014 espera que Bosnia y Hercegovina ingrese en la Unión Europea. Al parecer, el año fue elegido al celebrarse “el centenario de la gran guerra europea que estalló en Sarajevo para marcar nuestro regreso simbólico a Europa.” Tiene sentido, pues, hacer una referencia a dicho acontecimiento pues no parece, aquel, un deseo muy realista. El asunto se vuelve a complicar cuando descubrimos que los territorios se mueven con cierta rápidez (o más de la que pensabamos) de un continente a otro. Todo se aclara al final de la entrevista: la ilusión consiste en desear, con todas las fuerzas posibles, que habrá pronto nueva Constitución para Bosnia; deseo que yo también comparto aunque soy un poco más cauto. No respondió el Ministro si la reforma será antes o después del ingreso del país en la OTAN, que el prevee para 2012.

Estas contradicciones son una muestra de lo complicado que es salir de una guerra si se le quiere dar al asunto un matiz democrático: en Bosnia, esto quiere decir, el mismo peso de las partes contendientes a la hora de decidir la política federal en el Estado de la posguerra. Entonces vuelvo al titular de la entrevista y pienso en la posguerra española: ¿puede haber reconciliación sin justicia? Se puede afirmar sin problemas que en la posguerra española la reconciliación no fue tal, ya que los vencedores impusieron y anularon todo rastro que oliera a lo-contrario. Las cosas se complican luego, con la muerte del dictador: ¿hubo reconciliación en España? Justicia sabemos que no hubo. Entonces, ¿es que el tiempo todo lo cura?

Las palabras de Alkalaj (por cierto, descendiente de sefardíes expulsados por los Reyes Católicos) son más un consuelo muy necesario para las víctimas de la guerra en Bosnia que una certeza. Fraga jamás conoció un Tribunal Internacional (ni nacional) y, ahora, parece ser que fue pieza fundamental a la que hay que agradecer la España que tenemos.





Sindicato vertical

28 10 2009

Los artistas son una caja de sorpresas. Con esas cursivas no pretendo poner en duda su capacidad creativa ni la estética de su producto y, de hecho, algunas de las personas a las que me refiero son, o han sido, algunos de mis favoritos. Hace varios, varios años, cuando yo (ya) era el rarito de la clase, Miguel Bosé era mi cantante favorito, con el agravante de que crecí en Venezuela y allí todo el que tenga algo que se aleje de la norma es, por supuesto, homosexual. No me preocupaba por Bosé; el tema era que yo, como seguidor de él que era, me veía irradiado directamente por sus desviaciones con las consecuencias que esto podía traer para un niño de once años.

Pero volvamos al tema. La cuestión es que Bosé pretendió hablar por todos ellos al decir que “somos una especie en peligro de extinción como el oso polar o los linces ibéricos” y que se sentían “huérfanos”. Pobres huérfanos, ¿cómo deberían sentirse ellos, que no tienen un ministerio para defender sus intereses? Por el contrario, los artístas, no contentos con tener todo un Ministerio de Cultura, ponen a una de las las suyas a ocupar el cargo. Ruegan al poder político y se integran en él, perdiendo toda credibilidad las palabras que se dijeron ese mismo día, frente al Rey y a la Ministra: se oyó decir que los artistas son “el aire que respira la sociedad” y se pidió que no les desamparara, contradiciendo la razón de ser del arte, que hace que la sociedad respire, efectivamente, pero no a través de los poros del poder político, pues el arte oficial, aparte de ser bastante mediocre, es mentiroso.

Si el arte necesita amparo del poder político, tendrá poco que ver con la sociedad en la que vive, perderá su función  social vital como vía de escape en ella y, en el caso de España, retoma tendencias de organización política preconstitucionales: el sindicato vertical.





La crisis por El Roto

14 07 2009

La crisis perfectamente explicada en 25 imágenes geniales de “el Roto”

No hay nada con más fuerza como unas imagenes llenas de inteligencia para explicar cientos de cosas. Si esas imagenes son obra de “el Roto” aún mejor.

Visto en Intercambia.net





Michael Jackson como símbolo del fin de la Guerra Fría (1)

13 07 2009

La muerte de Michael Jackson ha dado para mucho, y más, tomando en cuenta las especulaciones que se han puesto sobre la mesa a propósito de la verdadera causa de su muerte. En cuanto a su legado musical, tengo poco que decir más que hay pocas personas que se pueden convertir en una legenda durante su carrera y no después.

Pastillas, bailes, cirugías y bonitas melodías han sido protagonistas en nuestras televisiones en estos últimos día. Sin embargo, poco se ha hablado de el contexto social y político de un mundo que Michael Jackson representaba a la perfección: el del final de la Guerra Fría, o del principio de la Posguerra Fría, período que el profesor de Historia de Europa Oriental y Turquía de la Universidad Autónoma de Barcelona, Francisco Veiga, encuadra entre 1990 y 2008 en su última obra: El Desequilibrio Como Orden; una historia de la Posguerra Fría, 1990-2008; Alianza, 2009. Un libro del que ya se han escrito las primeras reseñas (y contra-reseñas) y que cuenta con un novedoso sistema de revisión para su segunda edición al que el autor invita a participar a todos los interesados.

1. La Victoria.

Vox Nova, una página de difusión católica norteamericana, apuntaba lo siguiente pocos días después de su muerte:

It is not commonly recognized how much Michael Jackson contributed to U.S public diplomacy during the last decade of the Cold War. Throughout the 1980s and early 1990s, Michael’s music inspired young people in captive nations to take chances on behalf of freedom and democracy. With his dramatic style, he electrified youth and stirred them to unite in common purpose. In response, they rallied moral forces against fear and set about to challenge the ubiquitous brutality of totalitarian regimes. The collective energy Michael and other artists inspired became a critical factor in bringing about the political collapse of the Soviet Union and its Eastern European empire. We are the world!

El fin de la Guerra Fría significó la victoria de un sistema político y de unas determinadas pautas culturales que

Los conciertos del Dangerous Tour impactaron a los asistentes y televidentes por su espectacularidad, en sintonía con la moda de los victoriosos.

Los conciertos del Dangerous Tour impactaron a los asistentes y televidentes por su espectacularidad, en sintonía con la moda de los victoriosos.

ayudaron a asentar ese nuevo poder en todo el mundo. La música de Jackson unía a principios de los noventa al que escribe estas líneas, cuando tenía siete años, con los impresionados espectadores de su mítico concierto en Bucarest, en el que nuestro protagonista llegó y se fue del escenario volando y vestido de astronauta.Cómo figura de los Estados Unidos en Latinoamérica, un desplante no hacía que su condición dominadora fuera puesta en duda. Así, cuando por aquellos años, Caracas estaba preparada para recibir a Jackson (yo mismo pude ver los preparativos de los días previos en el hotel Hilton de Caracas gracias a que mi tio, un gran seductor, era novio de la gerente de espectáculos del hostal más caro de mi ciudad), cuando su capricho de tener una mini ciudad detrás del escenario para pasar las doce horas previas al concierto (esta disponía de un colegio – ¿? -, un hospital, restaurantes, etc.) estaba prácticamente materializado, cuando mi padre ya tenía las entradas… Michael decidió no ir porque, decían, se le había roto una muela.  Caracas era el destino siguiente de una gira que fue suspendida después del concierto en la Ciudad de México, en noviembre de 1993. Poco después fue hospitalizado. No importaba. Dangerous siguió siendo uno de los discos más vendidos y el Rey nunca vio peligrar su trono.

De los nacidos en la primera mitad de los ochenta ¿Quién no quizo nunca ser astronauta?

De los nacidos en la primera mitad de los ochenta ¿Quién no quizo nunca ser astronauta?

La música tiene un importante protagonismo en esos años. Es el elemento que unió a Occidente durante la guerra fría y, del algún modo, se convirtió en una quinta columna dentro del bloque Soviético, como le gusta recordar a nuestro católico redactor:

I recall myself and a friend crossing the border into East Berlin before the Wall was torn down. As my friend maneuvered our rented VW to the checkpoint, I pulled back the sunroof and rolled down the windows. Earlier I had cued a tape to play Michael Jackson’s “Man in the Mirror.” As the guard approached, I hit the play button and turned the volume way up. The guard, who was carrying an automatic rifle, asked for our passports. Instead of responding directly, I said over the top of the music: “Do you like Michael Jackson?” He looked nervously at the guard house and then quickly nodded in approval. For a long moment, his face was covered with an unforgettable smile.”

El poder de la estandarización musical no era algo nuevo. La democratización (en su extensión) de este fenómeno fue estudiada por Adorno, en el sentido de la instrumentalización de la música de masas por el poder político, y Walter Benjamin, que examina como el resultado lógico de un régimen político de vocación total, como es el resultante del fin de la Guerra Fría, es la introducción de una estétitca uniforme en toda la sociedad (en su obra The work of art in the age of mechanical reproduction, 1936).

El fin de la historia de Fukuyama fue la encarnación de ese victorioso optimismo que vivió Occidente más o menos entre 1988 y 1990. Por otra parte, él mismo fue uno de los fundadores del pensamiento neocon y uno de los ideólogos que avanzó el concepto de globalización, al menos desde su vertiente neoliberal. En el mismo año que hizo pública su teoría, el cantante de jazz norteamericano Bobby McFerrin arrasó en las listas de ventas mundiales con una pegadiza cancioncilla de ritmo caribeño: Don’t worry, be happy. Expresaba un indestructible y suave optimismo y conectaba con lo que ya era una marcada tendencia norteamericana hacia el bienestar, el optimismo y el sentido de la globalización a través de lo que se llamó la música mundial. George Bush padre la utilizó en su campaña electoral.” (Veiga 2009, 67).

El fin de la Guerra Fría, sin embargo, no fue un camino de rosas. Apenas hubo acabado la paz armada los vencedores tuvieron que hacer frente a una serie de retos que pusieron en duda la infalibilidad de sus planteamientos y las contradicciones que se desprenden de la idea de tener un mundo en el que sólo haya una versión de los hechos. Los conflictos armados en el área de la antigua Unión Soviética que estallaron con su desintegración no despertaron la atención que desataron otras tragedias que se desencadenarían más adelante. La gira Dangerous, sin embargo, no se inscribe en el marco de las iniciativas humanitarias que nacen a la vista del horror de Bosnia. La misma empieza en junio de 1992 con el objetivo de recolectar fondos para la Heal de World Foundation, que se encarga de la situación de los niños, cuestiones ecológicas y la lucha contra el Sida. La lógica de estas iniciativas se basaba en que esos eran problemas a los que se tenía que enfrentar cualquier sistema y que, gracias a la ayuda de la sociedad civil, se irían resolviendo poco a poco. Eran piedras en el zapato de un mundo mejor que empezaba a caminar gracias a la derrota del mal. Poco a poco se vería que aquello era una ilusión. El deterioro físico y musical de Jackson empieza a ser evidente cuando se empieza a ver que los problemas circunstanciales de la Posguerra Fría son más bien propios de su estructura y que estos no acabarían tratándolos como pequeños accidentes que no se interpondrían en la victoria del bienestar absoluto de 1991.





Cefalea los domingos

11 07 2009

“Hacer la vista gorda con las dictaduras, subcontratar la tortura a Pakistán, sobornar a funcionarios locales…, todas esas cosas están bien, pero irse de putas atenta claramente contra la integridad profesional de un diplomático.”

  • Los raperos serbios Bad Copy nos obsequian con su tema Uno, Due, Tre. No tiene desperdicio:

“Si no somos capaces de situar el debate y los compromisos en estos términos de apertura, generosidad y audacia y pretendemos solo retoques que nos sirvan para ir tirando, fracasaremos.

Si tenemos la tentación de convocar para la construcción de este proyecto con el afán de instrumentalizar el caudal que viene de las aportaciones y la participación que requerimos, fracasará.

Si no superamos nuestras propias dinámicas, en las formas de actuar, de organización y de relacionarnos con los demás con compromisos firmes, fracasará

Y si no somos capaces de comprender nuestra responsabilidad en esta apuesta para un proyecto de cambio de verdad, no solo afectará a lo que hoy es nuestro proyecto político, perderemos la oportunidad para ofrecer respuestas potentes y colectivas desde la izquierda a un mundo cada vez más desigual e injusto.”